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A Orillas De La Luna
Y me encantaría que estuviésemos juntos. Que estuvieras aquí.
Hace un rato me propusiste "Veamos juntos la superluna de hoy". Me sacaste una sonrisa, ¿cómo veríamos la luna juntos? ¡Si estamos a 1214 Km. de distancia! Los números son más fríos en este confinamiento obligatorio. Vos tan allá, pero siempre aquí, en mis pupilas.
Ahora, veo lejanos tus rubios cabellos danzarines, que un tiempo supieron acompañar mis mañanas. Veo lejos, la suavidad de tus palabras. Lejos están, tus aterciopeladas manos. Esas frías y delicadas caricias, que tanto extraño, tan lejos están.
Me sacaste una sonrisa, al decirme "veámosla juntos"... sin querer, miré al cielo, y en el azul nocturno, busqué tus ojos...
"Desde siempre que te extraño" dice la canción que solíamos escuchar y que suspirabas en nuestros abrazos interminables.
¿Esta luna, nos unirá nuevamente? Que romántico suena, me entusiasma la idea. La idea de que la distancia entre vos y yo termine, en la unión de nuestros cuerpos abrazados y en el abrazo sentir con devoción tu cuerpo pegado al mío. Mis brazos contorneando tu espalda. Sentir tu respiración igual a la mía.
Es imposible que estemos juntos. Pero si nos pensamos juntos mirando la luna, lo estaremos. Bajo el mismo resplandor de la luna rosa, la gigante de esta temporada.
Sentiré la brisa acompañándome, curando mis heridas, secando esa lagrimita que se me escapará sin querer, porque te extraño. Estarás en la brisa y en la lágrima, te reirás de mi sentimentalismo, como siempre lo hiciste. Me reiré con vos. Reiremos juntos bajo esa luna.
La misma luna que nos alumbró cinco años atrás, cuando nos presentaron, cuando nos dimos amor por primera vez. Tanta suavidad, bajo la luna, a orillas del Arroyo Tabay. Tanto amor me enseñaste que hasta hoy puedo sentir tu suavidad.
Y es bajo esta misma luna, que siento la presencia de tu mirada, el fulgor de tu piel desnuda abrazándome.
Ambos mirando a nuestra compañera, cómplice de amor. Fundidos en un abrazo atemporal. Somos los mismos, vos allá y yo acá, que esos dos amantes a orillas del arroyo, contemplando la misma luna.
Al otro lado del papel
"Contame, quiero saber de vos" así había empezado la charla, esa vez que nos encontramos en la plaza San Martín. Yo te vi triste y desolada, esperando que se te consuman las horas para ir a ningún lugar. Te querías sentir aislada de todos, buscaste una plaza llena de personas para estar sola. Sabías que tus escasas amistades no suelen encontrarse en lugares así.
Para romper con tus esquemas llegué yo. Te vi cabizbaja, ausente, distante, con ganas de no estar. Para tu mala fortuna te vi, yo que te extrañaba una banda. Compré dos latas de birra en el quiosco de la esquina y me senté al lado tuyo. Te ofrecí una de las latas y ahí recién te diste cuenta de mi presencia. Sonreíste y aceptaste la birra, tu semblante cambió. Volvió esa sonrisa a medias, como siempre, más con las mejillas que mostrando los dientes.
Después de dejarme hablar por un rato, agradeciendo a dios y al diablo por inventar la cerveza, me contaste que terminaste con tu novio, que no estabas sufriendo por la ruptura pero que me aceptabas otra lata. << ¿Unas pintas, no querés?>> te pregunté redoblando la apuesta, esto implicaba que la charla fuese más extensa, que llegue incluso la noche y nos encuentre bebiendo aún. Tardaste en decir que si.
Caminamos por la peatonal algunas cuadras, hasta encontrar una cervecería, que no tenía tu estilo, pero necesitabas un cambio de ambiente y por eso fue que la elegiste. Al ubicarnos en una mesa del interior del local, lo primero que hiciste fue limpiar tus lentes, con una servilleta. Me quedé mudo, mirando tus delineados ojos, el contraste con tu viva piel, quedé fascinado. Era la primera vez, que te veía sin lentes. Era la primera vez, que me enamoraba de vos.
Pronto pedimos dos pintas rojas, brindamos. La música del lugar era muy buena pero no distinguí si era jazz o blues, era por demás tranquila y no había mucha gente dentro. Poco duró esa tranquilidad, nuestras risas estridentes rompían con la monotonía del lugar. Inclusive, desde algunas mesas se volteaban para ver la locura que cargábamos.
En un momento acomodaste una silla a mi lado, me hiciste dejar la birra en la mesa y me comiste la boca. Fue un beso corto, seguido de una risa compartida. Después, seguimos hablando, un rato agarrados de la mano, entrelazando los dedos, otro rato entre besos, entre caricias, entre pausas en las que nos descubríamos la mirada. Hablábamos como novios de toda la vida.
Nuestra relación fue siempre así, desde aquel primer encuentro, en el que nos conocimos en ese bar de rock, nos hablamos con la confianza de dos amigos de la infancia. Y a partir de ahí, siempre fuimos así. Todas las veces que nos veíamos, nos fundíamos en un abrazo, por más que nos hayamos visto el día anterior. Pero esta vez le sumamos algunos besos. La misma confianza, el mismo cariño, con algunas caricias un tanto más íntimas.
En algún momento te sentaste en mi regazo pero pronto te avergonzaste, bajaste y te fuiste al baño.
Cuando volviste pensé que dirías que debíamos irnos, que ya era tarde. Al jueves le llegó la noche y con ella, varios grados menos. Te sentaste, con muecas de frío, te abracé y me dijiste al oído, muy suavemente: <<Gracias por rescatarme de la plaza, no tenía ganas de ver a nadie. Solo quería perderme entre el ruido de la muchedumbre, que nadie me pregunte cómo estoy, porque no tenía respuesta para esa pregunta. Gracias, gracias de todo corazón, necesitaba unas birras, un beso y este abrazo. Gracias por las risas.>> Me abrazaste fuerte y rodaron unas lágrimas, que pude ver cuando me soltaste. Te las secaste cuidando que no se te corriera el delineado que demarcaba tus ojos, que enmarcaban mi vida. Soltaste una risita leve, mostrando los dientes y, antes de besarme, me dijiste: << ¿Qué me mirás así, boludo?>>
El Sol De La Mañana
Me gusta el sol de la mañana,
Las cortinas de tu ventana.
El rosedal brillante,
La brisa presente.
El zorzal y su plumaje,
Las sierras y su paisaje.
Me gusta el sol de la mañana,
Las cortinas de tu ventana.
El amanecer entre tus sábanas,
Tus labios en mi almohada.
Me gustan tus manos al despertar,
Tus suaves caricias al besar,
Tus primeras palabras al amar.
Tu mirada, mi alma sabe llenar.
Me gusta el sol de la mañana,
Las cortinas de tu ventana.
Como combates las penas
Cuando cantas en mis oídos
La bravura de tus ideas
Tu llanto escondido.
Me gustas porque
sabes a mar
Sabés amar
Sabés amar
Sabes a mar.
El Pomelo Azul
Era una mañana fresca y silenciosa, apenas los pájaros habían despertado, no le hice caso a mamá y salí sin abrigarme. La puerta que da al patio estaba abierta así que fue fácil salir, en un momento estuve afuera. Miré a todos lados buscando donde ir, el sol estaba muy brillante, tuve que taparme con la mano como si fuese una gorra, corrí unos metros hasta la casa del abuelo, pero me arrepentí. No quería jugar con el abuelo.
Volví corriendo a la galería, ahí estaba Yaco mirándome desconcertado, era un perro viejo que le costaba caminar y hace mucho que no ladra. Me miraba atento, como siempre lo hace cuando me ve correr, parece que me dice con la mirada no corrás que te podes caer y lastimar la rodilla una vez me pasó eso, estaba corriendo y me tropecé con un juguete que había dejado Thiago, mi hermanito mas chico. Thiago tiene 3 añitos, él no me quiere prestar sus juguetes, así que los uso cuando él está durmiendo. Yo soy el hermano mayor de Thiago, tengo 7 años y voy a la escuela todos los días. Ahora no voy más a la escuela porque estamos en tiempo de vacaciones de verano. Pero me gusta ir a la escuela. Aprendo mucho. Me gustan las matemáticas y la gimnasia, a veces jugamos al fútbol, me gusta mucho jugar con mis amigos, me gusta jugar a la pelota, una vez hice un gol.
El sol me seguía molestando los ojos, así que me refugié debajo de la planta de mandarinas. Mamá decía que era de mandarinas pero nunca tenía frutas. Caminé por la sombra de la planta de mandarina hasta estar debajo de la sombra de la planta de pomelo, esa si que tiene frutas, pero de pomelo, no de mandarinas. Las frutas de pomelo son grandes y pesadas, cuando caen al suelo hacen mucho ruido. Hace unos días hubo muchos rayos y mucho viento y después todos los pomelos quedaron en el piso, eso fue de noche, hacían mucho ruido cuando caían, me despertaron.
Ahora quedaban unos cuantos pomelos, no muchos como antes, como antes de la tormenta.
-¡Loida, Loida, mirá! ¡Mirá ese nene!
-¿Quien anda ahí? ¿Abuelo, sos vos?
Escuché a alguien que cuchicheaba cerca de mí pero no veía quien hablaba.
-Hola ¿quién está ahí?
Se movían mucho las ramas del pomelo, miré para arriba y solo vi dos pajaritos. No veía muy bien porque entraba algunos rayos de sol entre las hojas y me encandilaban.
-¡Hola! Hola, pajaritos. ¿Pajaritos, qué hacen?
Parecían picaflores, porque se movían muy rápido, eran dos, iban de rama en rama, de rama en pomelo, de pomelo en pomelo. Aleteaban rápido, casi no podía ver sus alas y sus picos. Uno era rojo y tiraba polvitos amarillos, el otro era azul y tiraba polvitos violetas. Me gustaban esos colores. Iban y venían, rápido, muy rápido. Bailaban de un lado a otro, se escondían detrás de un pomelo, yo los buscaba y se escondían en otro pomelo, se reían y yo también. Me hacían correr por debajo de la planta, ellos volaban rápido y yo corría muy rápido para encontrarlos.
-¡Santino! ¿Qué haces ahí abajo? ¡Ojo, eh!
-Estoy jugando con los pájaros, mami.
-Está bien hijo, cuidate y no te lastimes.
-Si, mami.
Mi mami se preocupa por mí, siempre toma mate a esta hora y me da los juguetes de Thiago para que juegue, pero ahora estoy jugando con mis amigos los pájaros, mi mami se metió otra vez a la casa, pero me mira desde la ventana de la cocina.
Ahora estoy buscando a mis amigos y ya no los encuentro, estoy triste, yo quería seguir jugando.
-No estés triste...
Me dijo eso, me dio un beso en la frente y voló a una rama que es estaba cerquita de mi. Era el pájaro rojo, ahora podía verlo más de cerca.
-¿Qué era el polvito amarillo que tirabas mientras volabas?
-Es polvo de azúcar de pomelo, pero yo no lo tiro. Es la planta la que me da el polvito para que queden en mis alas y sean más brillantes ¿Las ves? ¿Ves lo brillante que están?
-¡Qué lindas alas tenés! ¡Que lindas cuando brillan!
De la emoción, aplaudí y reí varias veces. El pájaro también se reía, daba vueltas sobre la rama y aplaudía.
-¡Sos muy alegre! ¿Cómo te llamás?
-Yo me llamo Santino ¿y vos? Vos, no sos un pajarito ¿o si? Los pajaritos no hablan y los pajaritos tienen plumas.
En ese momento, desplegó sus transparentes y brillantes alas. Voló hasta estar muy cerca de mis ojitos.
-¿Crees que soy un pajarito?
El pajarito se reía de algo, yo no sabía de qué. Voló alrededor mío y se reía, se reía mucho y bailaba a mis costados. Yo empecé a reír también, su risa era contagiosa. Mamá me miraba desde la ventana de la cocina.
-¡Loida, Loida! ¡Vení, vení que piensa que soy un pajarito!
Le hablaba al otro pajarito que estaba detrás de un pomelo.
-Hola, vení, vení...- le dije que venga, que venga, que no sea tímida por que se ve que era tímida. Yo antes era tímido, pero después ya no era tímido, ahora tengo amigos, no hay que ser tímidos, hay que tener amigos.
-... vení, vení- y con el pajarito le decíamos que venga y la llamábamos con la mano.
-Loida, Loida, vení, vení, que piensa que somos pajaritos.
Y el pajarito le fue a buscar al otro pajarito detrás del pomelo, le agarró la mano y volvieron. Se pusieron en la rama más cercana a mí. Ahora la vi bien, era el pajarito de color azul, pero ya no tiraba polvitos violetas.
-¿Y tus polvitos violetas? ¿Ya no tenés más?
-Si, aquí los tengo, abrí tu mano.
Yo abrí mi mano y el pajarito voló despacio hacia mí. Voló hasta mi mano y ahí bailó un rato, dio unas vueltas en el aire y agitó fuerte fuerte sus alas transparentes. Recién ahí, comenzó a caer el polvito, violeta brillante, en mi mano...
-Está frío el polvito, me hace cosquillas...
Empecé a reír porque me daba frío y cosquillas en la mano.
-Yo soy Loida ¿Cuál es tu nombre?
-Hola, Loida. Mi nombre es Santino. ¿Qué hacen en la planta de pomelo? ¿Les gusta el pomelo? A mi me gusta con azúcar.
El pajarito azul, que se llama Loida, voló hacia el pomelo más cercano, apoyó sus pies en él, dejó de mover sus alas y empezó a bailar. Bailó un buen rato mientras yo y el otro pajarito mirábamos. Cuando terminó de bailar la aplaudimos. Mamá me miraba por la ventana de la cocina. Loida abrió las alas, voló un poquito, despegando sus pies del pomelo, juntó sus tobillos y abrió los brazos. En ese momento hizo vibrar muy fuerte sus alas y empezó a sonar música, era como un silbido del abuelo y el susurro de una canción vieja, yo empecé a dar vueltas, al son de la melodía. Pero después de varias vueltas me maree un poco. Mamá me miraba desde la ventana de la cocina.
Loida seguía en el mismo lugar y la música no dejaba de sonar, de sus alas transparentes empezaron a caer en el pomelo, polvitos color violeta, después rojo, después marrón y luego azul, otra vez violeta, después rojo, marrón y por último azul. Cuando la música dejó de sonar, aplaudimos varias veces con el otro pajarito. Loida se reía de alegría, le gustaba que la aplaudiéramos. Mamá ya no me miraba desde la ventana de la cocina.
-Mirá lo que pasa ahora, Santino...
Ahí fue cuando la magia del polvito de Loida empezó a ocurrir... el pomelo cambió de color, primero era amarillo, después verde, después rojo, después un color que no conozco, después celeste, después blanco, otra vez amarillo, ahora era de muchos colores y ahora azul.
Loida agarró el pomelo azul, lo arrancó de la ramita que lo sostenía a la planta. El pomelo empezó a hacerse cada vez más chico, Loida me lo trajo y me lo puso en la mano, era mas chico que mi mano. Se había convertido en un pomelito. Yo tenía hambre. Mi mamá apareció en la ventana de la cocina. El pomelito se veía rico, me lo lleve a la boca...
-¡SANTINO NOOOOOO!
Mal Bicho
La verdad es que esto se está jodiendo bastante, hablo de la convivencia. El Gordo sigue compitiendo con El Viejo para poder ser el centro de atención. La cuestión de la política siempre lo deja bien parado, no sabe discutir, pero lo que sí sabe es subir la voz varios decibeles y lo usa como su principal arma.
La otra verdad es la falta de personalidad para oponerse a la mayoría que tiene El Muchacho. Cada vez que habla conmigo manifiesta con seguridad absoluta lo que está mal en la casa y los errores que cada uno comete. Pero cuando está con las otras personas, no lo dejan opinar, ni expresarse y no puede mantener su postura. Esto, gracias a numerosos ataques de El Gordo, El Viejo y El Canoso.
El Tranquilo no participa mucho, creo que por las discusiones que tuvo con El Gordo, acerca de matar para hacer justicia propia, esas y otras discusiones lo alejaron de la escena. Pero fue un alejamiento humilde, no fue corrido, ni fue una victoria de El Gordo.
El Canoso cambió bastante, hace un tiempo era un señor, con un semblante de sabio, correcto, severo, ermitaño. Hoy solo se junta con los que están, para reírse. No le importa otra cosa que no sea estar con el grupo.
Los otros días, inicié con El Muchacho una competencia en la cual se sumó El Canoso. Dicha competencia era embocar una pelota de goma de 3 cm. de diámetro en un hueco que hicimos en la tierra del patio trasero de casa, con un viejo palo de polo y a 6 metros de distancia. El juego empezó bien, pues la pelota de goma rebotaba sin cesar y multiplicaba la posibilidad de que el tiro fracase, esta dificultad, casi incalculable, potenció el ánimo de los jugadores, así que los ánimos estaban por las nubes. Además, había un premio, una cerveza de litro que debía pagar el perdedor. Cada ronda era de tres tiros. Todos perdieron una vez, yo perdí dos. Pero no me importó. Las sonrisas, la competencia, la satisfacción de lograr embocar la pelota nos hacía saltar gritando ¡gol! y cada gol era gritado por todos. Hubo unión.
Después nos pusimos a jugar con las cartas. Los invité al Gordo y al Viejo, solo este último aceptó. Compramos otra ronda de 3 cervezas. No mucho tiempo después, dos vinos y una gaseosa. Yo soy muy tramposo con las cartas y los números, me encanta hacerlo notar. Así ellos me persiguieron con la mirada exhaustivamente y yo, que soy Bicho Raro, les contaba que bajo su vigilancia igual los había burlado, ellos lo dudaban y mis carcajadas daban la posibilidad de que fuera cierto, aunque no lo era.
Nos quedamos en el patio delantero jugando hasta entrada la madrugada, en un hecho insólito y sin previo aviso, El Viejo lanzó al césped su copa, haciéndose trizas. Nos dimos cuenta que el culpable era el vino, no él.
El Viejo se enfermó y estuvo varios días en cama, muy de vez en cuando salía a comer, solo recibía un té hecho por El Canoso, dicho té contenía muchísimas hierbas curativas que solo él sabía la verdadera composición de tal mejunje y la procedencia de los mismos. Pero ayudó bastante a la rehabilitación del Viejo y eso era lo importante.
Del Muchacho poco hay que contar. Del Bicho Raro, si, hay bastante. Estos escritos los estoy haciendo después de haber pasado 12 años, que son un tercio de mi condena. Por fin me facilitaron la maquina de escribir que les había pedido.
Por supuesto, me tuve que portar muy bien para que me dieran el derecho a portarla. Mi condena acá subió más de lo esperado, básicamente esta es y será mi casa y mi vida, hasta que sea mi féretro y mi muerte.
Mi abogado dijo que desmintiera las acusaciones de los hechos ocurridos en esa mañana de tormenta, ara poder bajar la condena o postergar el juicio, pero solo pudo darme varios meses mas, hasta que se desmintieron las pericias psiquiatricas que un amigo de él había facilitado. Yo no estaba loco y en mi enorme sonrisa solo se escondía miedo a que me regañen.
Nunca confesé nada, pero mis huellas en el cuchillo eran imposibles de esconder y por más que haya borrado la publicación de Facebook, las fotos siguen circulando.
Doce años para poder escribir lo que pasó ese día. Pero ahora, las imágenes son extrañas, mi sonrisa no es tan simpática, no sé si era una tormenta la que azotaba esa mañana o era una calida tarde o quizás pasó de noche y los gritos fueron como truenos y la cuchilla cortando el aire eran los relámpagos y las sangre fuese... como chubascos.
Tampoco concibo que fueran tantas personas. Me aprieto la cabeza y veo miles de cuerpos ensangrentados ¿Cuál de las imágenes es la verdadera? Quizás ambas. Quizás no lo hice solo una vez. Quizás fueron muchas mis interrupciones en la cotidianeidad de personas, veo gente que estuvo cocinando, leyendo el diario, viendo la tele, subidos a sus autos, cortados por mi machete. También me veo sosteniendo mis viseras, sonriendo. Veo dedos y no veo manos, son los dedos que salieron de mi bolsillo cuando buscaba la billetera. Mi ropa pesada del liquido escarlata, el olor que me acompaña desde siempre, ¡ese olor es tan exquisito! Cuando todavía se siente caliente y espeso en las manos. Sonrío y no sé que estoy diciendo.
Hoy me siento un dudante más que un pensante. La gente que me habla lo hace con rimas, creo que se están burlando. No lo sé, después del desayuno dejaron de molestarme y los colores se hicieron más amables, mi cuerpo se relaja y vivo más tranquilo, las puertas y los gritos disminuyen. Mi pieza se ensancha, tengo espacio para bailar y lo hago, mientras que mi cuerpo descansa en la cama, me hace palmas y sonríe. Es eterno este momento y será eterno este lugar y eterna mi sonrisa y mi cantar, eternas las enfermeras y eternas las pastillas. Eternos son mis hijos y eternas las letras de esta encrucijada. Eterno el instante que no se repite, eterna esas ganas de volver a sentir ese olor y viscosidad en las manos.
La Copa Rota
La hermosa copa se rompió. Quizás ese "se" está mal. Lo confirmo, no pudo haberse roto sola, por sí misma. Ese "se" está mal. De alguna forma la copa está rota, por acción de algo o alguien. Y muchas hipótesis podrían dar solución al problema del ¿por qué alguien rompería la copa? Desde explicaciones del tipo: "Fue el cáliz del santo grial, encontrado por una persona que no era digna de tal omnipotencia y eso causó la destrucción total del poder de la vida eterna, con ello la ruptura del cristal" o "se le cayó a un curda".
Como saben, mis amistades forman parte de todas mis creaciones. Y por supuesto, les pedí ayuda con este terrible acontecimiento.
Les mandé cartas a todas mis amistades al rededor del globo. Aterrorizados, la mayoría, me contestaron automáticamente diciendo que recurrirían a toda su biblioteca para reunir la información necesaria para tal cruzada. El único que me contestó, en contra de la tendencia, fue el antropólogo Raúl, un brasilero que vive en Angola, en la carta había una sola letra repetida varias veces "kkkkkkkkkkk".
Cartas en varios idiomas recibí al cabo de la primera semana. Fue el venezolano Jacinto, el primero de varios, él me dijo que le escribió a un astrólogo haitiano que estaba de vacaciones en Noruega, Lokmil que escribía en francés aunque sabía 7 idiomas, entre ellos el español, cuestión que me rompió las sienes bastante porque tuve que traducir con un diccionario francés-español y tardé varios días, 6 hojas escritas a puño y letra, 5 días me costó traducirla. Cuando la terminé se la envié a Lu, una marsellesa que estaba en Singapur, para que lo revise. Como siempre le envié algo de dinero, ya que siempre me cobraba los trabajos por más que sea una amiga de la infancia, 4 mil duros solo por esta vez.
Pasaron 3 días hasta que me contestó, solo en 2 hojas. En la primera, saludaba y agradecía que me haya acordado de ella para mis andanzas, pero que era mejor que me envíe la carta original porque mi traducción era horrible. En la segunda se aventuraba a darme su opinión sobre la cuestión a la copa rota. La verdad es que después de haberla leído, me hicieron falta tres medidas de whisky para poder tranquilizarme y conciliar el sueño.
También me escribió el camboyano, Urtitum. Amigo de Saúl, el nicaragüense, que yo había conocido en unos viajes de negocios en un pueblito remoto del Uruguay. Este me tiró la data de que debería comunicarme, por más que es de poco responder, con William un gran teórico, militar, yankee que estaba trabajando en la antártida, parte del territorio que le corresponde a Chile. Y así lo hice, a día de hoy todavía no me respondió.
Mi prima se re prendió en la cruzada y día por medio, me cuenta las mil maneras en que las hijas rompen vidrios, espejos, platos, cerámicas, jarrones, cajitas, utensilios, adornos, esculturas, juguetes y hasta libros, dice ella que en esos relatos diarios, a base de exhaustivos experimentos (seguidos por estridentes regaños), se encuentran como si fuera un rompecabezas, las piezas que dan la respuesta al problema universal de la copa rota.
Loida, Luisa y Eloisa se juntan periódicamente, entre tantos tintos y blancos, a teorizar acerca del tema de la siguiente manera: graban en sus celulares las reuniones, luego le pagan a una universitaria para que desgrabe todos los diálogos y los ponga por escrito, lo leen en la siguiente reunión y vuelven a analizarlo. Así tantas veces como sea necesario, dicen ellas, hasta que puedan ponerse de acuerdo, entre ellas, y llegar a la opción más pura y desprovista de subjetividades para así alcanzar con pureza retórica, el contexto real al gran problema de la copa-rota.
La siempre viajante Milena, me contestó que estaba de vacaciones en Alemania y que no podría ayudarme esta vez, pero me dijo que si quería visitarla, para amarla, estaría esperándome en el Adina Hotel tercer piso B, de Nuremberg a pasos del Museo Nacional. La verdad que no esperaba ese tipo de respuesta pero le prendí una vela a la santa coparrota.
Leí algunas cartas en el viaje, ya desinteresado de las respuestas brillantes y siniestras elocuencias de mis amigos y los amigos de ellos. Me encontré con Mile, nos amamos por tres meses, hasta que ella retomó sus viajes.
Así que tuve que volver a casa y para mi sorpresa, encontré miles de miles de cartas de todo el mundo hablándome de miles de pavadas por una copa rota que ya la había tirado a la basura.
***
9 meses sin que un día deje de llegar el cartero Julián, con vientialgo de cartas. Ya nos hicimos amigos y los fines de semana viene a almorzar en casa, mientras nos tomamos alguna bebida espirituosa él me ayuda a quemar las cartas que él mismo me trae en la semana. Dejé de contestar hace ya rato.
Siguen viniendo de a docena, a veces mas, a veces menos. Mandé a la mierda a más de uno, pero solo se me rieron. Claro, a mis amigos les hizo gracia que yo, un empresario multimillonario, les mandara cartas en pleno año 2023. Me respondieron de manera alegre y elocuente pero también compartieron a todos sus amigos la iniciativa, de escribir sandeces y enviarlas repetidamente al 33 Viale Vittoria, Pescara, Italia.
***
Tres años y las cartas no cesan de llegar, ya eran 107 los países y más de 6 millones de personas las que se habían contagiado de esta rara idea.
Mi psicóloga Vicu, me dijo que debería mudarme, puesto que no dejaba de tener pesadillas con gente borracha escribiendo cartas.
Tiempo después, entre sueños y pesadillas, desayunos y almuerzos sentí la necesidad y culpa de tener que agradecer el tiempo que cada una de las personas depositó en escribir, pagar y enviar las cartas, es así que me agarró la locura de querer leerlas a todas y responder. Invertí toda mi fortuna en esta nueva empresa. Puesto que tenía una feroz y galopante culpa de no retribuir el tiempo y esfuerzo que destinaron esas personas en el armado de hipótesis de lo ocurrido. Después de un tiempo ya no era más multimillonario, me gasté toda la plata en contratar traductores, profesores, lectores, escritores de cartas, enviadores de cartas, recolector de sobres abiertos, administradores encargados de clasificar por países, por idiomas, por fechas, por continentes, por extensión, las miles de cartas que llegaban y no paraban de llegar.
***
Aprendí 27 idiomas y varios dialectos no escritos de África. Me mandan videos en las redes sociales, en el e-mail y a todos los sistemas de mensajería que existen hasta el día de hoy. Me entrevistan varias veces en la semana, desde varios países de América Latina y el Caribe, de Australia y New York, de Ámsterdam y Hamburgo, de Roma y Malasia, de Escocia y Madrid.
Hay canciones en coreano y japonés. Se hicieron 20 libros y 2 películas. Me contactaron Ordenes Masónicas del Rito Escocés y del Yorkino invitándome a formar parte de sus logias. Volví a llenar las cuentas bancarias, me financian universidades, Centros de Investigación y Desarrollo y algún que otro país en vías de desarrollo (vaya uno a saber por qué) varios estudiantes recibieron sus doctorados en mi casa. Hoy inauguré el Centro de Estudios de Cartas, Lenguaje, Filosofía y Antropología La Copa-Rota. Trabajan ahí 3567 profesionales, administrativos y personal de mantención y limpieza, además, está proyectado sucursales en Pekín, Corea del Sur, Rusia y Cuba pero también en Londres, Brasilia, Los Ángeles, Lisboa, Caracas y La Rioja.
Ya casi no leo cartas, hago viajes de negocios y placer. No sé que pasa con este mundo, de verdad, no entiendo nada.
Das
De las palabras vacías,
a los entramados complejos.
De las soluciones alucinantes,
a los hombros cansados.
Del delirio lunar,
a la brisa matutina de errante
verde celestial.
De los panes criollos, a los mates.
Del café, a la escritura.
De las sienes saturadas,
a la oculta escultura.
De la conversación con Leila,
a la cerveza roja, individual, solemne.
De las agujas del reloj,
a las congeladas melodías.
De un rap a un tango,
ambos de Calamaro.
Y esa botella vacía, con gusto a nada.
De las caminatas solitarias,
a tu sonrisa brillante.
De las luces de tu alma,
a las noches estrelladas.
Del palpitar de tus parpados,
a mi desengaño final.
“Das palavras vazias"
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