La Hoja Sagrada



La Hoja Sagrada



Todo escritor tiene una hoja sagrada. Los límites los ponemos nosotros. Los márgenes infinitos son nuestras esperanzas. Todo escritor tiene una hoja sagrada.

Cada vez que nos sentamos a escribir convergen pasiones e ideas, sentimientos y pensamientos. Que intentamos desarrollar en nuestra página en blanco. Podemos describir un viaje, narrar una historia, hacer una receta de cocina vegana, compartir una poesía o dar tips sobre cualquier cuestión.

La hoja sagrada no es esa en la que estamos escribiendo. La hoja sagrada es aquella a la que no alcanzamos mientras escribimos. Y siempre lo que escribimos es una introducción que le falta algo. Toda producción nuestra con la que nos llenamos el pecho al terminarla mira de lejos a nuestra hoja sagrada.



La hoja sagrada el esa producción que queremos hacer, con letras de oro. El anhelo de que las palabras fluyan e invadan al lector motivándolo a hacer cosas impensadas. La hoja sagrada es esa historia que estamos perfeccionando en nuestra mente. La hoja sagrada es inmaculada y es la poseedora de nuestra alma.

La hoja sagrada espera por nosotros tanto como nosotros esperamos por ella.

Vayamos hacia la hoja sagrada.



Saturad


Saturad


Se me rompen los oídos, se me traban los dedos. Los ruidos se incrementan. La gota de agua que resuena en la cocina. Mis pulsaciones retumban en mis dedos y el café, el café está caliente.

Me tiemblan las sienes, frunzo el ceño.

Pienso en vos y la idea se rompe.

Me castiga tu mirada y tus palabras cortantes, hirientes.

Miras hacia otro lado, me odias. Siento frío y decepción. Tengo ruido en la nuca y una presión en la espalda.

Hay un cosquilleo frenético en el estómago. Volvés a levantarme la voz, me tiemblan las cejas, duermo incomodo en tu almohada, estoy llegando temprano a mi velorio.

Muero con vos, cuando me dedicas los lamentos de las buenas noches.

Los cuchillos se afilan, enfilan tus palabras hacia él.

Doblas tus blancas caderas sobre mi cuerpo inerte que no entiende del sudor de tu pecho.





Tomo otro sorbo de café y te despedís en la mañana con un beso en mi mejilla, fuerte y sentido, con odio.

Te duele mi dolor que te alimenta. Tu seriedad es mi desayuno, almuerzo y meta.

La piel se me eriza, el agua fría duele en los ojos salados.

El llanto silenciado si te vas y las intermitentes termitas me recorren cuando llegas con las ideas despeinadas. Dormí junto a vos y una vez  fue el infierno.





No quiero que me enfrentes ni me perdones, sufrís tu lugar de guillotina desafilada.

Las cuerdas rotas de esa guitarra tienen ganas de seguir sonando, tantos ritmos alegres de los que fueron epicentro.

Yo espero otro café en el bar, llegaste maldiciendo el tráfico de mis ojos perdidos.



Revoleamos vinos y ropas en ese sofá, hablamos a gritos en francés. Nos amamos en idiomas de celos desconocidos. No me perdonas palabras de asado y fernet.



Elocuencias frustradas de un amor interminable con sabor a que todo el alcohol se acabó y solo queda el hielo y la  soda.

Las ningunas amistades son árbitros de un partido acabado en el primer tiempo.

No hay rembolso de especias me dijiste degustando pizza y cerveza, roto estaba el techo y se veían las estrella. Llovía infierno en tus ojos.  Ya mis líneas no eran las de tus cejas.

Traficaban espinas largas en mi plato diario. Quilates de reproches de la luna llena en tu pestaña. ¡Como duele el silencio de tu mirada! Quema en las entrañas tus sordos gritos, amen.

Ya no quedan barcos para salir de este muelle y las tinieblas rozan mi pecho tembloroso. Nadie se anima a terminar de caminar, desangramos pasos terribles entre las muchedumbres de canciones de locura y mentira. ¿La muerte? Es muy básica. No alcanzarían universos paralelos, para separar los átomos de mis  errores sin los heridos tuyos.





Amé otra persona que era la misma que estaba en tu lugar sin tantas piedras en las uñas acariciando mis pulmones. Soy alumno de tus malos humores en pijama.

Desvestida te vi llorar. Reías y le dabas otro mordiscón a la manzana envenenada de mi memoria.

La oscuridad que genera el sol en tu clavícula seguirá siendo el estandarte de esta embarcación rota.

Yo seguiré tus pasos sangrantes hasta que deba donarte mi suerte.





¡Feliz Cumple Mi Reina!





¡Feliz cumple mi Reina!

En los andariveles de la vida me crucé con vos, profunda mirada celestial que penetra en el alma de tus súbditos.

Majestuosa, vestida de mil historias letradas de terciopelo de oro, cada palabra tuya es adornada con rubies y acompañada de sueños de encanto y delirios de amor.

Venida de otras tierras, profesas vocablos que con firmeza hablan al alma.

Es inevitable sentir el fuego de tus pasiones. Reina, haces vivir tus sentimientos en nosotros que embelezados por tu alegría admiramos  tu deleite.

Miles de páginas compartieron con vos la sabiduría del mundo, de este y aquel. Y con simples sonrisas nos haces parte de esos mundos, a vos gracias mi reina.

Su Alteza, de los cielos dorados has venido un día como hoy. Hoy Reina más que nunca, felices nosotros de tenerte. Felices los libros que lees, felices tus ancestros, feliz el tiempo al que le regalas felices momentos. Feliz vos por nosotros felices y felices nosotros por verte feliz.

Divina divinidad que al devenir no teme, debemos dejar de sorprendernos cuando citas cual docta descripciones asombrosas del docto Dosto...

Hoy tus ropajes son majestuosos,  casi a tu altura. Pero sabemos bien de tu humilde corazón, tus pensamientos compasivos y tu habilidad para convertir los decires distintos en un mismo idioma: el amor por la sabiduría.

¡Qué Reina tan distinta y tan única! Vos nos cautivas con músicas de distintos provenires y nos encomendas a un sólo Dios, un sólo Serj.

Miles de miles y millones de millones te veneramos. Muchos te amamos. Agradecemos tu existencia y con estas torpes palabras intentamos desearte: ¡Muy feliz cumpleaños Reina de Polonia y de nuestros corazones! Wszystkiego Najlepszego.

Muchas gracias por tanto amiga, Elizabeth Bujakiewicz.

La Bestia, Ella y Yo



Las cuentas no me dan ¿Quién sabrá por qué?


Los jueves era el éxtasis. El día más hermoso de la semana. Hoy borraría ese día. La persona que más disfrutaba de su compañía es de la que hoy no puedo aguantarle mirada. Me quema el pecho, la culpa, la desesperación y huyo. Corro. No me puedo quedar sabiendo de su presencia. Me duele la vida (la conciencia). Le fallé. Y me di cuenta del monstruo que llevo dentro. La bestia consume mi vida y por lo visto también a ciertas personas que se acercan a mi corazón. La bestia (que soy yo) tiene por colchón la depresión, por amistad la soledad, como deporte la ensoñación y como hobby… destruir mis buenos momentos. ¿Autoboicoteo? Nah. La bestia duerme conmigo y solo suya quiere que sean mis emociones y sentires, me siento preso de ella, de mí mismo. ¿Ella? ¿A quién te réferis? ¿A la persona que no deja que respires sin que menciones su nombre o la Bestia que no deja de comerse una y otra vez tus mejores recuerdos de ella? Recordar, vivir dos veces, olvidarse modificando el recuerdo para que sea futuro, futuro imposible, anhelo de irrealidad, sufrimiento continuo, infinito.


Jueves. La Bestia, ella y yo.

Ocultar la tristeza no es ser alegre



"Yo tengo que sonreír
Porque nadie está obligado a sufrir conmigo"

La creencia de que la vida emocional está basada en una alegría superadora ha estado creando seres automintientes y sabemos que las personas que se mienten crean falsas seguridades que con el tiempo resquebrajan la personalidad y desembocan en actitudes poco queribles. Como consecuencia la culpa y luego la angustia.

La demanda banal de alegría obliga al sujeto a corresponder de la misma manera, la sienta o no. Esta mal visto esa no-correspondencia. La búsqueda de personalidades fértiles para la alegría excluye profundamente a los que, circunstancialmente o no, son infertiles. La exclusión es ese terrible abismo hacia la marginación del distinto (despectivamente).

Entonces, para evitar la exclusión, por un lado, el individuo irrumpe su propio estado anímico para devolver la alegría que le fue "pedida". Por otro lado, hay "tristezas" a las cuales la complejidad de la persona no permite ser contada en algún tipo de conversación casual, sino que la demanda alta de atención es fundamental para poder ser al menos relatada. La ausencia de esos contextos complica la conversación de los males del sufriente, que siempre quieren ser compartidos.

La ausencia de "oyentes" crea un angustioso ciclo de socialización en base la falsa alegría, que compartida se vuelve una realidad  (superficial). Esta "realidad" alimentada por la necesidad u obligación del contacto con personas, es fácilmente digerida por los los demás, pero la tristeza que es la verdadera realidad de la persona sólo es puesta en pausas minúsculas para volver apenas se termine ese espacio socializador.

La sociedad en la que vivimos demandante de alegres, oprime estados emocionales distintos y aleja personalidades que expresan sus sentires de maneras distintas a la alegría.

No debemos ocultar nuestras tristezas, debemos soltarlas al aire y que la sociedad no nos haga sentir culpa de ese estado circunstancial.

Las tristezas son procesos y debemos respetarlos. Los tuyos y los míos.

Soñé con vos




Soñé con vos...

Soñé con vos y vi llenar de entusiasmo tu mirada

Soñé con vos y fue fantástico

Reíamos a carcajadas

Soñé con vos y nuestras manos entrelazadas

Soñé que eramos felices

Soñé que estábamos enamorados

Soñé y rogaba que no fuese un sueño

Soñé un sueño

Soñé una utopía

Soñé una poesía y los versos eran tus oJos que soñaban y la alegría de tu risa era la melodía que encuadraba una escena romántica, de amor, de alegría, de un infinito imPensado

Soñé las lágrimas en tu mirada de amor

Soñé un vinculo interminable

Improbable

Soñé una risa, la tuya

Soñé tu mano en la mía, no querías soltarme

Me soñé seguro de mí

Te soñé segura de vos...

Te soñé y no quería que fuese un sueño

Soñé con vos y tus manos y tu sonrisa

Soñé con vos y tu mirada

Soñé un sueño que quizá nunca se repetirá

Soñé con vos y fui feliz.

Soñé con vos JP.


Gracias!

                                                   RaDaMa22

Celeste de los cielos rojizos (aprendí a recordarte)




Al cruzar la calle imagine tu voz entre la muchedumbre.

En los albores de mis penumbras veo tus ojos delineados.

Tus manos cruzandose, aparecen cuando mis manos en los picaportes.

¿Cuando podré olvidarte? No necesito olvidarte.

Necesito saber porque te recuerdo.

Serán las vacaciones de invierno que no me dejaran verte, ni hablarte.

Mi mente entre pausas dice tu nombre.

Y es que desde que te vi el miércoles, mi mente sigue en pausa.

Sé que el sábado sufriste. Que necesitaste un abrazo. No el mío.

No pude estar con vos, no me lo permití. Jamás sabré porqué.

¿Será mi alma hermanada a la tuya? ¿Seré yo enamorandome otra vez?

No lo sé. Sin embargo me pregunto: ¿Cuando dejaré de pensarte?

Volves cada minuto. Regresas en segundos.

Me pongo contento cuando me doy cuenta de que no te estoy pensando,

Late fuerte tu recuerdo, te veo sonreír. Siento tu perfume y tus ironías.

No duermo para no soñarte y que en el sueño te despedis de mí para siempre.

Me aturde esa idea. Celeste no salís de mí.

Me acompañas en cada parpadeo.

Celeste de los cielos en el atardecer rojizo.

Celeste del amanecer después de la noche estrellada.

Vos en mi, tus voces que viví. Los regaños que recibí.

Regresas en los sorbos de café. En el mate y en el frío de este invierno.

Ayer salí a despejarme, camine por la ciudad con vos de la mano.

Es sorprendente que imaginandote en esa caminata,

Todos los grises tomaron vitalidad, de la tuya y mi sonrisa.

Todo es del color que lo percibes.

Vivo la vida con la risa tuya, retomando murmullos de compañía.

El volver de Celeste, el título de mi libro de hoy.

Nunca se fue,  es el primer capítulo, ¿La volveré a ver? Es el siguiente.

Y mi corazon la ve siempre.

¿La última hoja dirá: hoy te olvidé?

Y ya no sé si te recuerdo, te vivo o te olvido.

Pero al fin y al cabo, estas conmigo.

Sentir Belén

Alma que no conozco, La siento tan hermanada De sensaciones en cascada: Hablo de rastros imperdurables En caminos intangibles, ...